En el medio deportivo mexicano pocos personajes han llegado tan alto y caído tan bajo, y me refiero exclusivamente a cuestiones de imagen pública, como Ricardo Antonio La Volpe. Su trabajo suplía la falta de carisma que para algunos es natural, y para otros es un concepto más bien abstracto.
Su labor en el Atlante, Atlas y Toluca, le consolidaron como un director técnico efectivo y trabajador, incluso obsesivo, mientras que el proceso de la Selección Mexicana hasta antes del Mundial de Alemania 2006, ratificó su posición de estratega, pero le hizo reprobar la asignatura de las relaciones públicas. La afición y la prensa se cansó de sus actitudes y ademanes, por eso más de uno festejó que tuviera que irse por la puerta trasera.
Me parece que La Volpe tiene muchas cosas buenas, y no dudo que sea un gran hombre de familia, pero lo que vemos y percibimos los que no estamos incluidos en su núcleo, es a un hombre poco tolerante, explosivo y déspota. Nadie es monedita de oro para caerle bien a todos, pero en una expresión coloquial, Ricardo Antonio se pasa.
Luego de los fracasos sonados en Boca Jrs. y Vélez Sarsfield, el futbol de estufa está cocinando un platillo condimentado de polémica: el regreso de La Volpe a México, al país donde se hizo un profesional del banquillo y al que ha adoptado como su casa por más de dos décadas. Talento lo tiene, pero también dejó muchos enemigos deportivos, quienes seguramente ya se frotan las manos para tirarle tan fuerte como se pueda. Es más fácil echarle metralla a un técnico de club que al técnico nacional, verdad no escrita pero cierta.
Amigo aficionado, su punto de vista es el más importante, ¿Quiere a La Volpe de regreso?
