El arbitraje mexicano se envuelve en polémica, ésta que ha crecido aún más debido a las instancias en la que se da, en una semifinal, que pese a ser de ‘ida’, podría ser definitoria en el futuro de la liguilla de dos equipos, en este caso los involucrado Chivas y Atlante. Siempre se buscará un culpable y parece que todas las marquesinas señalan al árbitro Germán Arredondo, quien si bien carga con gran parte de la culpa, no sólo habría que atacar su falta de capacidad para realizar con brillantez su trabajo, sino también la trampa y el juego ‘sucio’ en el cual el futbol mexicano comienza a atascarse.
A Omar Bravo se le hizo fácil fingir una falta, y es que dicen que en el juego y en el amor todo se vale, pero este jugador no puede ser ídolo de masas (¡ojo!, ya no hablamos sólo de la afición de Chivas, pues el hombre también ha sido seleccionado nacional y busca un lugar en el Tricolor de Hugo Sánchez); el héroe o ídolo es aquél que hace uso de sus virtudes para hacer el bien, para ejemplificar acciones correctas a la sociedad, y fingir una trampa en un juego tan popular como el futbol quiebra esta teoría y se convierte en villano.
Imágenes del juego limpio le han dado la vuelta al mundo, que alguien reconozca que tuvo un error y que se lo haga ver al árbitro para que revierta su decisión es para aplaudirse, Omar Bravo pierde toda la profesionalidad con esta acción y ha hecho uso de la trampa para que su equipo, que se convirtió en cómplice junto a Germán Arredondo, obtenga ventaja en una fase decisiva, habrá que ver qué tan cómplice se puede convertir también su afición. Si eres aficionado de Chivas y éste al final logra avanzar al juego por el título; ¿lo disfrutarás pese al medio utilizado para lograrlo?