Ahora resulta que para jugar hay que que pagar. Por lo menos es el caso de Nery Alberto Castillo, quien tuvo que poner de su bolsa una cifra importante para “escapar” del Shakhtar de Ucrania y darle juego a sus piernas en la Premiership de Inglaterra con el Manchester City. Pero, y es que casi siempre hay un pero, la directiva británica se quedó corta en el ofrecimiento económico, y quien puso “su resto” fue Castillo.
Llegará a una liga del primer mundo futbolístico, aunque el equipo rival del United no lo es tanto. De entrada aplaudo la decisión de Nery, pues muchos otros optarían por un juego del desgaste con la directiva ucraniana y ver quién se cansa primero. Todo futbolista tiene sueños, ilusiones y aspiraciones, y el mexicano sacrifica su cartera en aras de buscar claridad en su horizonte deportivo.
Me gusta Inglaterra para que desfogue todo ese coraje y talento, aunque también deberá aprender a soltar un poco más el balón. El personalismo que de pronto afecta al joven Castillo podría encontrar obstáculos en un futbol donde los centros al área son el pan de cada día. Sven Goran Eriksson, técnico de los “blues” insistió en su fichaje, por algo será.
Nery, como mexicano que es, se convierte en un ejemplo de la globalización en la que poco a poco se está infiltrando el jugador mexicano. Las decisiones fuertes ante los grandes retos son las que marcan la diferencia. Cuántas historias de futbolistas de talento no encontraron un final feliz por no arriesgar un poco más, ya sea ceder en el salario o, como en el caso de Nery, pagar por jugar. No es lo óptimo, pero habla bien de sus ganas de trascender.
