Lo de Necaxa luce ya como una enfermedad crónica y terminal. Cuando el futbol falla, lo anímico debe de levantar a un equipo. Pero cuando ambos se escapan, poco se puede hacer.
Los Rayos lucieron desconcentrados, desanimados, esquivos a la hora de la responsabilidad, así en todas las líneas.
Un sólo hombre, Fernando López, hizo un penal y después vio una tarjeta roja casi enseguida en el amanecer del encuentro, imperdonable. Además López venía de una suspensión de un encuentro tras ser expulsado en la jornada 10 contra el Toluca.
Jaguares sólo se dejó llevar por lo que le marcaron los Rayos. Se fue navegando por los espacios que le cedieron con hombres como Adolfo Bautista, Itamar y Oscar Rojas.
De cualquier manera el orden y el juego de acompañamiento de Avilán han ido cobrando sus frutos. Aunque ante un rival como Necaxa hubiera sido el colmo no aprovechar.